martes, 29 de noviembre de 2016

Antropología y deporte: Reflexiones en torno a la ciudad, la desigualdad de género y la actividad deportiva en el espacio público[1]

Oscar Eduardo Rueda Pimiento. Antropólogo y Docente asociado en la Universidad Pontificia Bolivariana- Sede Bucaramanga



Antropología cultural y deporte. Aportes desde una tradición disciplinar

La antropología cultural se ha interesado sólo en fechas muy recientes por temas como el arte, la vida doméstica, el juego, ocio y deporte, circunstancia extraña considerando la enorme cantidad de tiempo y recursos que dedican las sociedades humanas a estas actividades. La situación se explica por la asociación de diferentes factores: Primero, es importante señalar que gracias a la industrialización las diferencias entre ocio y trabajo se habían acentuado en las sociedades de las que provienen los fundadores de nuestra disciplina (Arboleda,  1992 -93), ocasionando que el ocio y el tiempo libre quedarán fuera del interés utilitarista que desde sus inicios ya caracteriza a la Antropología cultural. Segundo, está el hecho de que el interés teórico y político que orientaba las primeras etnografías se acompañaba por la caracterización de las formas de vida de los pueblos estudiados como primitivas o atrasadas en relación a los avances científicos del momento, es decir, en permanente lucha por la supervivencia y como consecuencia privadas de privilegios como el tiempo libre. Tercero, la tradición occidental suele asociar el juego a la vida infantil, y los primeros etnógrafos y antropólogos compartieron esta idea. Concretamente, para la antropóloga Noelia Enriz (2011) los abordajes de las actividades lúdicas y deportivas desde la Antropología cultural se pueden reunir en tres grandes ejes: 1. los abordajes que se orientan a mostrar sus aportes a la formación en valores de interés para el orden social y adiestramiento de la personalidad, 2. las propuestas que estudian sus manifestaciones simbólicas, y 3. aquellas cuyo objetivo está más ligado a establecer taxonomías y posible clasificaciones.  
De estos abordajes se suele heredar la dificultad de precisar conceptualmente las diferencias entre actividades, a menudo, relacionadas en más de un sentido (como deporte, juego y ritual); sumado a la escasa producción teórica específica sobre el tema.
En el caso de las dos primeras (deporte y juego), Johan Huizinga en el libro “Homo ludens: el juego y la cultura” describe el juego (del latin ludens o juego reglado) como una actividad humana con las siguientes características:

•          Es una actividad libre 
•          Es una actividad al margen de la vida cotidiana
•          En cuanto al tiempo es limitado y cerrado
•          Tiene reglas
•          Incluye azar y tensión.  (Miller, 2011)

Esto, establecería una diferencia circunstancial entre el juego (ludens) y el deporte, siendo el deporte una actividad que exige una seriedad superior y marcada por el declive en la espontaneidad debido a la formalización de reglas.
A favor, esta definición tiene el conceptualizar el juego como algo más que una extravagancia o una condición que se abandona junto a la vida infantil (dándole importancia social en cuanto el juego socializa). En contra, está el hecho de que se le caracteriza como el libre ejercicio de la voluntad de los participantes, sin una utilidad u objetivo inmediatos. Aspecto que marcaría una diferencia poco justificable entre juego y deporte. Al respecto, existe hoy suficiente evidencia para demostrar que esta polaridad entre la flexibilidad y rigidez, seriedad y espontaneidad, se encuentra presente en ambas actividades y no es del todo distintiva. Así las cosas, comparto con Javier Escalera (2003) la convicción en cuanto a que considerar como “deporte” exclusivamente a las prácticas deportivas de carácter sistemático, “serías” y orientadas a la actividad competitiva, resulta en extremo reduccionista.
Por lo demás, encuentro más adecuada la segunda tesis Joan Huizinga (1943). Esta tesis relaciona la diferencia entre juego y deporte con el debilitamiento del contenido lúdico en el segundo.  Respecto a las objeciones que pudieran existir presento mis argumentos: Primero, el debilitamiento del contenido lúdico resulta evidente en el proceso de transición de algunos juegos que con el tiempo cambian su condición a deportes. Segundo, la diferencia entre estas dos actividades sólo fue importante en fechas recientes, gracias a la aparición de la infancia tal y como la conocemos hoy y desde el siglo XVI y XVII, esto es, procede de restringir la práctica del juego a un determinado grupo etario (la infancia). Como resultado, desde ese momento la edad definirá la conveniencia o no de ciertos juegos (Herrera, 2014).
Algo similar sucede con el ritual. Sobre el tema, el estudio comparado del deporte y ritual evidencia que comparten ciertas características:

1.         Disponen de una ritualidad pautada y de periodicidad. 
2.         tiene sentido para un cierto número de personas
3.         acostumbran a presentarse de manera dramática
4.         producen unanimidad de sentimiento, a menudo con el recurso de la emocionalidad (Duch, 2002: 192)

De hecho, esto explica la participación frecuente de los deportes tribales en los ritos de pasos oficiados en diversas sociedades a lo largo del mundo con el propósito de integrar a los jóvenes a las responsabilidades y status propios de la vida adulta y en diversas actividades orientadas a tomar decisiones de carácter jurídico, político y religioso. Circunstancia frente a la cual no se encuentran exentas las sociedades occidentales industrializadas. Como ejemplo, el futbol americano suele ser considerado como “ritual” profano en reconocimiento a la manera como éste deporte simbolizaría ciertos rasgos de la cultura americana, en particular, su cultura corporativa, valores y rasgos característicos (según W. Arens y autores como Susan Montaggue y Robert Morais, citados por Kottak (1994)). Resumiendo:

-              El futbol y la cultura corporativa americana se organizan estableciendo una jerarquía clara entre los miembros de un mismo equipo, manifestación de esto son el atuendo o número distintivo que distinguen a los capitanes de los equipos y grupos corporativos)
-           El objetivo en el juego es la expansión territorio del equipo por el campo y mediante la ocupación de nuevos territorios, esto se asemeja a algunas políticas corporativas americanas.
-           En el fútbol y en la cultura corporativa americana, se produce una adhesión tribal gracias experiencias claramente simbólicas, uso de uniformes, banderas, cánticos, ritmos, danzas e himnos.

Por tanto, una manera alternativa de entender las diferencias entre juego y deporte, se relación con el grado de formalización que requieren ambas prácticas frente a aspectos como establecimiento o no de reglas y procedimientos fijos, mecanismo que pretenden limitar la improvisación a corto plazo y regularizar sus escenificaciones, y no en aspectos como la ausencia o no de objetivo y grupo etario al cual se asigna, por ejemplo. Siendo el juego el que soporta una grado mayor de flexibilidad e improvisación, y el deporte el que menos. Circunstancia que permite asignar a ambas actividades funciones muy similares en cuanto a su condición como dispositivos culturales, es decir, juego y deporte sirven por igual para trasmitir e incentivar en las nuevas generaciones diversos aspectos que se pretende “consagrar” en el marco de una cultura particular. Algo en lo que la evidencia etnográfica resulta bastante contundente. Esto es, están asociados en un aspecto común que los convierte a ambos en objeto de interés para el actual trabajo, y es su existencia como actividades donde se materializa una comunión de voluntades bajo el principio  de la diversión.
Es más, los coqueteos de la antropología con el turismo y el posicionamiento del turismo como práctica en el tiempo libre, han abierto de nuevo la posibilidad para confirmar estas tesis (Lagunas, 2006). La frase “Dime como te diviertes y te diré quién eres" (formulada por Ortega y Gasset en Meditaciones del Quijote) resulta en estos estudios bastante recurrente.
En el siguiente escrito se pretende evidenciar las alternativas que, al respecto de esta problemática, los recientes intentos por recuperar el espacio público de la ciudad como escenario para la práctica deportiva ofrece. Esto último, considerando que el retorno del deporte a los espacios públicos es un aspecto que encierra gran importancia para la democratización del mismo y de la ciudad. Aspectos favorables por motivar a cambios en la formas de pensar nuestras ciudades. Algunos de los cuales merecen ser considerados como antesala para la emergencia de una ciudad verdaderamente educadora:
““La ciudad –decía ya Plutarco– es el mejor instructor’. Y, en efecto, la ciudad, sobre todo cuando sabe mantenerse a escala humana, contiene, con sus centros de producción, sus estructuras sociales y administrativas y sus redes culturales, un inmenso potencial educativo, no sólo por la intensidad de los intercambios de conocimientos que allí se realizan, sino por la escuela de civismo y de solidaridad que ella constituye” (Faure, Herrera, Kaddoura, Lopes, Petrovski, Rahnema et al., 1973, Citados por Susana Molina en: La ciudad como agente educador: condiciones para su desarrollo. En: Fabio Velásquez Carrillo. Comp. Estudios sobre Educación, 2007, N° 13, Pp. 39-56: 42)
Palabras que no hacen más que reconocer la importancia que tiene lo público para producir ciudad, generar integración social y construir el respeto al otro (Carrión, 2004).


Ciudad colombiana, ciudad y deporte

La actividad deportiva se encuentra presente en muchas culturas de la Colombia prehispánica como un aspecto importante de la vida social, a tal punto que en torno a estas actividades se reunía toda la comunidad y se formaban destrezas físicas que constituyen el ideal de cada cultura. El arte precolombino, joyería, orfebrería, cerámica y relatos de cronistas, es suficiente evidencia. El tejo, versión moderna del turmequé de los Muiscas, era practicado ya hace más de quinientos años en el altiplano cundiboyacense por habitantes de los departamentos de Cundinamarca y Boyacá. Las carreras de competencias fueron otro de los deportes favoritos del pueblo Muisca. Éstos se trenzaban en carreras de largo aliento, corriendo hacia los cerros o por los llanos de la altiplanicie (Jaramillo, 1991). Servían estos deportes como entrenamiento en habilidades y destrezas importantes para estas culturas: lucha, tiro, natación y carreras pedestres, canotaje, caza, danza, acrobacias (Ocampo, 1983).
El periodo conocido como La Colonia da inicio a la presencia de nuevos actores en el territorio. En las recientemente fundadas ciudades, los europeos refuerzas sus destrezas militares con actividades deportivas como las carreras a caballo y cacerías, celebradas muchas durante festividades religiosas o civiles, por placer y entretenimiento, no exclusivamente por necesidad (Rueda, 2012). Costumbre que después heredarían la sociedad republicana sin otros cambios que la mayor diversificación de las actividades deportivas; las más comunes fueron las corridas de toros, encierros y cabalgatas. En estás tomaba parte toda la población como espectador o competidor. Y cuando, con la independencia, el espacio público se convirtió en el escenario privilegiado para el ejercicio de la ciudadanía, la plaza principal se convierte en el escenario de paseos familiares, fiestas religiosas, desfiles militares, juegos de cuadrillas, presentaciones de compañías dramáticas, bandas de músicos y otros espectáculos. La plaza principal o cualquiera otro espacio abierto en ciudades o pueblos era el escenario de estas actividades (Jaramillo, 1989). Bogotá de 1849 sirve como ejemplo:
“Entre las diversiones populares figuraban en primera línea las fiestas que anualmente se celebraban en todos los pueblos en recuerdo del Santo Patron.[…] Empezaban por vísperas de fuegos artificiales, y después de la ceremonia o procesión religiosa, seguían animados encierros, preliminares de corridas de toros en la plaza pública, en los que tomaba parte toda la población. Para el efecto se levantaba cerca de palos alrededor de la plaza […]. Mesas de juego de lotería, cachimora, primera, veintiuna, etc. Juegos de bolo y turmequé se establecían en las afueras de las poblaciones […] Bosques se levantaban en las esquinas de la plaza, en algunas de las cuales se exhibían animales salvajes, plantas raras flores no cultivadas en las montañas vecinas; y en otras, mesas de títeres, con representación de las costumbres y a veces con una crítica de los caracteres raros del pueblo” Pp. 136 -137 (Salvador Camacho Roldan “Bogotá en 1849”
Con todo, resulta evidente que para 1897 las costumbres descritas en el texto estaban cambiando. Lo cual sugiere importantes diferencias entre estas costumbres y las que a partir de entonces se estaban imponiendo. Algo que lamenta el autor de texto citado, dado a que para éste significa un empobrecimiento de su carácter como fiesta integradora, esto es, la posibilidad de representar una oportunidad para que los distintos estamentos de la sociedad se relacionaran y se encontraran: “se mezclaban y confundían, aunque fuese por pocas horas, todos los niveles sociales” P137.  Gracias a esto, sabemos que este componente se debilita paulatinamente “ante el predominio de ideas menos democráticas” (Rodríguez, 1995).
Norber Elias y Eric Dunning caracterizan lo que sucederá después como el inicio de un “proceso de deportización” de nuestra sociedad, con cambios importantes en la naturaleza de los escenarios destinados para estas actividades. Por ejemplo, las actividades deportivas  fueron desplazadas de los espacios públicos a otros construidos específicamente para este fin: estadios, canchas, áreas deportivas, etc. En otras palabras, con la época moderna aparecen en las principales ciudades Colombianas escenarios exclusivamente destinados a las actividades deportivas y dotados de una arquitectura adecuada para este fin (Jaramillo, 1989). Y como consecuencia de esta reclusión en escenarios “cerraros” en todo sentido y su institucionalización gracias a la aparición de clubes y asociaciones deportivas, el deporte se aísla de la vida social de la ciudad, debilitándose su importancia como espectáculo para la convocatoria al espacio público. Es más (para algunos autores), la escolarización de los deportes y su integración al curriculum escolar con asignaturas como educación física, sugiere un intento por someter los pasatiempos y actividades deportivas tradicionales a regulación.
Favorablemente, esto parece cambiar y la recreación, el deporte y la educación física durante la segunda mitad del siglo XX se constituirán en actividades sociales erigiéndose en derechos del ciudadano y en servicios sociales desde la legislación colombiana (Serrano Sánchez (1992), citado por Claudia Ximena Herrera, 2014). Así las cosas, recreación, deporte y educación física recuperan su condición como instancia educadora el contexto actual. Al respecto, es importante recordar los motivos por los cuales el filósofo Ortega y Gasset (1946) considera que el origen del Estado está el deporte. Es decir, el lugar privilegiado de estas actividades entre los rituales exaltadores de las fuerzas cohesionadoras de la vida colectiva y como mecanismo para atenuar los conflictos originados por las desigualdades estructurales (aspecto sobre el cual ofrece evidencia el corto recorrido que la Antropología ha realizado en torno este tema) y condición que justifica la asociación recurrente de estos temas y la ciudadanía en los planes de gobierno de la actualidad.
Años más tarde, la ciudad sigue cambiando. La llegada de los Centros Comerciales e imposición del conjunto residencial como modelo principal de urbanización, son ejemplo de esto. Sin embargo, las formas de sociabilidad no condicionada entre géneros continúan siendo bastante limitadas por la escasez de escenarios de encuentro y democratización del espacio urbano. El plano urbano se “desdibuja” (Monge, 2007) y la ciudad se fragmenta cada vez más, acentuando las condiciones de desigualdad presentes. De manera que, no todo resulta igualmente positivo. La recreación sigue recluida al espacio privado, si bien se vive de forma colectiva, de manera masiva e impulsada desde los medios de comunicación, la publicidad y desde instituciones y políticas multinacionales (Herrera, 2014), haciendo escasas las iniciativas que aprovechen sus potenciales para el fomento de valores sociales. Por lo demás, parece que sobre el deporte aún persisten las ideas que desde las políticas higienistas de principios del siglo XX le redujeron a la condición de ser sólo hábito de vida saludable y desconocieron su condición como “espectáculo” integrador de  colectivos sociales diversificados.


Antropología del deporte

Resumiendo este breve recuento de la relación entre deporte y ciudad, en el caso de Colombia la desaparición del deporte como actividad colectiva en los espacios sociales comunitarios de la ciudad supone la desaparición de una de las pocas actividades en las cuales los espacios públicos podían ser disfrutados por hombres y mujeres, acentuando aún más lo tradicionales procesos de asignación de las mujeres al “ámbito de lo doméstico” y a lo privado.
La antropología en sus inicios encontró en el deporte un claro ejemplo de la manera como la cultura moldea permanentemente la naturaleza humana. Esto es, su interés se centraba en las relaciones entre la cultura y el individuo y particularmente, por establecer la manera como las actividades deportivas moldean a éste y aportan a incorporar los valores consagrados en los diferentes contextos culturales. El deporte formaría así parte del conjunto de instancias de socialización con componentes educativos y adiestradores que prepara a jóvenes y niños para la vida adulta (Enriz, 2011). Sobre el tema, Beatriz Vélez (1992-93) afirma que en el deporte, el cuerpo se vuelve instrumento para acceder a otros fines: resistencia, fuerza, salud, belleza, reconocimiento social. Esta así, estrechamente asociado a los ideales de estética corporal y valores establecidos por cada cultura. Al igual que con un conjunto acciones y actitudes orientadas a moldear nuestro cuerpo y ajustarle normas culturales de bienestar y atractivo físico: La fórmula correcta pero puede funcionar en más de una dirección.
La afirmación de Johan Huizinga (1943) para el cual el juego (y posiblemente toda actividad lúdica) es considerado como una necesidad humana, resulta más prometedora. De ésta fórmula se vale el antropólogo como Ricardo Sánchez (2003) para recordar que se trata de un instrumento cultural capaz de configurar identidades y de la exaltación del espíritu de sociedad. En esto consiste su real importancia. Las actividades deportivas y recreativas se encuentran estrechamente vinculadas a la conformación de valores y prácticas necesarias para la sociabilidad; es gracias a la participación en actividades deportivas y recreativas que las culturas reafirman valores, símbolos clave y visiones del mundo. Son, como resultado, verdaderos modelos de una cultura en donde se representan valores e ideales que se consideran propios de cada equipo y de la cultura, nación, región o ciudad (Miller, 2011: 426). 
Es posible así pensar que el retorno cada vez más evidente de la actividad deportiva a los espacios abiertos de la ciudad (parques, calles etc.) y el interés por promover el uso del espacio público urbano para actividades culturales, sea un ingrediente importante en la posibilidad de conseguir cambios para las situaciones descritas en el apartado anterior, particularmente, en problemáticas asociadas como género, ciudad y desigualdad.Cada vez se ven más personas caminando y trotando o practicando ciclismo por las carreteras de salida de la ciudad, las calles de los barrios se convierten improvisados escenarios de competencias deportivas, en las grandes ciudades de Colombia (Vélez, 1992 -1993). Las personas reconfiguran las ciudades como escenario de ocio y esparcimiento a través de las actividad deportiva.Gracias a esto, el deporte evidencia su importancia como dispositivo de control de la población mediante estrategias diversas (Herrera, 2013) y como escenario privilegiado para “recuperar” la presencia en la ciudad de grupos históricamente segregados del espacio público; esto es, su condición como escenario donde se mezclan y confunden, aunque sea por pocas horas, todos los niveles sociales. 
Para su análisis y, en particular, el de las circunstancias que justifican estas interpretaciones la Antropología cultural ofrece diferentes elementos, algunos puntualizados en este trabajo.


BLIBLIOGRAFÍA

Arboleda, Rubiela. (1992-93) Una aproximación entre la antropología y la educación física. Revista Educación física y deporte, (Pp. 81-91) vols. 14-15 (enero-diciembre). Medellín, Colombia. Ed. Universidad de Antioquia
Camacho Roldan, Salvador (1980) “Bogotá en 1849”. En: Las Maravillas de Colombia, Bogotá Editorial Forja
Carrión, Fernando (2004). Espacio público: punto de partida para la alteridad. Intervención de Fernando Carrión, arquitecto (ex Director de FLACSO-Quito), a través de video conferencia en Taller de Debate "Espacios públicos urbanos y construcción de capital social", Santiago, septiembre 2004.
Duch, Lluís (2002). Antropología de la vida cotidiana. Madrid, España: Editorial Trotta
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Herrera, Claudia (2014). Apuntes para una historia de las relaciones entre el juego y la recreación con el tiempo libre y el tiempo de ocio en Colombia a finales del Siglo XX. Revista Lúdica Pedagógica Vol. 2, Núm. 18 (2013). Bogotá: Ed. Universidad pedagógica nacional. Pp. 35 -48
Huizinga, Johan. (1943) Homo ludens: el juego y la cultura. México DF, México. Ed. Fondo de cultura económica.
Jaramillo, Hugo A. (1991) El encubrimiento de América. Risaralda, Colombia: Fondo Editorial del Departamento de Risaralda.
Jaramillo, Jaime. (1989) Nueva historia de Colombia. Bogotá, Colombia: Ed. Planeta.}
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Sánchez, Ricardo (2003) Los usos sociales del riesgo: El deporte de aventura como configuración de una ética de la contingencia. En: Medina, Javier y Sánchez, Ricardo (eds.) Culturas en Juego (Pp.251 – 275); Barcelona, España: Ed Icaria.
Vélez, Beatriz. (1992-93) Sociología del deporte: algunos problemas teóricos y epistemológicos. En: Revista Educación física y deporte, vols. 14-15. Medellín, Colombia: Ed. Universidad de Antioquia


[1] El artículo comparte algunas de las reflexiones presentadas en 2013 por el docente durante la primera sesión de la Catedra Low Maus en la  Universidad Industrial de Santander – UIS, dedicada al tema del deporte y la Antropología bajo el título ¿Nuevos paradigmas de las ciencias aplicadas al deporte, la actividad física y la recreación?




lunes, 28 de marzo de 2016


Lenguaje, evolución y pensamiento


Charles Darwin publicó “El origen de las especies” en 1859, en éste libro y otros posteriores defendía una propuesta acerca de la evolución del Hombre y otras especies. Sus ideas fueron rechazadas en el primer momento por controvertir las creencias existentes sobre el tema, dando origen a debates apasionados y beligerantes. El motivo principal de la controversia fue la disparidad de explicaciones en torno a la evidencia que estos libros presentaban sobre los cambios que habría sufrido nuestra especie desde su aparición en la tierra y sobre su significado en el esquema de la evolución. Seguramente, pocos reaccionarían de manera similar al leer y discutir hoy los contenidos de éste libro. Es más, existe cierto consenso acerca de la consideración del Hombre actual como resultado de una serie de cambios físicos y culturales. De los primeros, sabemos cada día más. De los segundo, sin embargo, resulta más difícil establecer las condiciones que empujaron a estos cambios, el momento preciso de su aparición y sus consecuencias en el comportamiento de nuestra especie.
El Lenguaje es ejemplo de esto. Como ocurre en casi todos los aspectos de la conducta humana, la evolución del leguaje es producto de la interacción de dos esferas que a menudo se complementan, lo que nuestro cuerpo nos dice y lo que tenemos que saber para funcionar en una cultura particular, de esta manera, si bien: “Nuestra capacidad de hablar es seguramente innata; nuestra capacidad de hablar inglés es seguramente cultural” Clifford Geerzt (1989). Por lo demás, se trata un aspecto de nuestra evolución donde humanización y hominización se encuentre muy próximas una de otra (siguiendo la diferencia que Leonardo Polo establece entre ambos conceptos, considerando la primera más específica de nuestra especie y a la segunda no). Esto debida a que el lenguaje establece una nueva forma de relacionarnos entre nosotros y con la realidad.


Ilustración 1 Hueso hioides y lenguaje

El lenguaje es, por tal motivo, uno de los aspectos que se considera más representativo de la condición humana plena y el más difícil de establecer a partir del registro arqueológico existente; esto considerando que la aparición de la escritura es bastante posterior. Es más, sin negar la importancia de este otro acontecimiento, el lenguaje escrito es solo una de las múltiples manifestaciones que tiene el lenguaje e incluso, una de las más limitadas. La frontera entre oralidad y escritura no es, por lo demás, tan sólida como a menudo se suele pensar. Oralidad y escritura se encuentra integrado y relacionadas tan estrechamente que no pueden sobrevivir una sin la otra. La oralidad, a menudo, se conserva gracias a medios materiales (ejemplo de esto es la estrecha relación que mantienen las expresiones musicales tradicionales con el uso de instrumentos musicales y su técnicas de fabricación). La oralidad se convierte, a menudo, en escritura cuando se le preserva por medio de grabaciones, escritos, materiales fílmicos u otros registros similares. Las escritura, por su parte, se convierte en oralidad cuando se narra (algo que hacemos frecuentemente).
Illi, M. y Segal. E especulan es un libro titulado “Cómo el hombre llegó a ser gigante” sobre el origen del primer lenguaje humano. Parea ellos el primero lenguaje humano fue el lenguaje mímico (esto es, el lenguaje que se vale de nuestros gestos y corporalidad para la comunicación). Sobre la transición al lenguaje oral, los autores se aventuran a escribir una historia en la cual el lenguaje oral tiene origen gracias a la necesidad de superar las limitaciones que enfrenta el “leguaje mímico”; algo que ocurre, especialmente, cuando nuestros antepasados se vieron en la necesidad de coordinar a la distancia grandes grupos de caza o cuando las distancias limitaban la posibilidad de emplear esta forma de lenguaje. Se piensa, entonces, siguiendo a estos autores que: “el trabajo colectivo enseño a hablar a los hombres, y cuando aprendieron a hablar, aprendieron asimismo a pensar” (pág. 96)


Ilustración 2: Escena de cacería prehistórica

Lengua y pensamiento

El lenguaje es el vehículo privilegiado para nuestro aprendizaje cultura. Las relaciones entre lenguaje y evolución humana son reconocidas por John Lewis (1979) en el libro “Antropología simplificada” y representadas con la siguiente frase:
“El lenguaje posibilita una acumulación de experiencias, un almacenamiento de logros, que hacen que los seres humanos avancen de modo rápido y seguro, lo que es imposible en los animales inferiores” Págs. 22 -23
El punto de llegada de una generación se convirtió, gracias a esto, en el punto de partida de la siguiente, multiplicando e incrementando de un modo sorprendente y significativo las posibilidades con el paso del tiempo (Lewis, 1979) y conformando la urdimbre complicada en la cual se inserta de la experiencia humana (Cassirer, Ernes; 1993: 43).
Lenguaje, arte y otras manifestaciones de simbolismo, son así manifestaciones distintivas de la capacidad humana para la cultura. Marcan por su importancia un ítem en la evolución del comportamiento humano frente a la naturaleza.


Ilustración 3: Entierro prehistórico

Lenguaje y evolución

El arte rupestre es una de las primeras manifestaciones existentes en la historia de las habilidades necesarias para el lenguaje y tiene todas las condiciones para ser considerado por sí mismo como una forma de lenguaje. Lenguaje que en el mundo prehistórico (en el mundo sin escritura) permite mantener el registro de los acontecimientos. Sin embargo esto no significa que la imagen tomará el lugar de la palabra. Surge, más bien, de la mano a otros cambios en la forma de vida y anatomía características de los seres humanos actuales.
El gesto y la mímica fueron, posiblemente, las primeras formas del lenguaje humano. El lenguaje oral surge más tarde, y es evidencia de nuestra continua evolución, una alternativa para comunicar sentimientos y experiencias. Sin sustituir a las otras formas de lenguaje, pero permitiendo superar varias de sus limitaciones. El lenguaje oral favorece, por ejemplo, la comunicación sin imponer la necesidad de mantener contacto visual y permite destinar las manos para otras actividades:
“Aún hoy día se emplea el lenguaje mímico.
Cuando queremos decir “sí”, no siempre decimos “sí”. Por lo general hacemos simplemente movimientos afirmativos con la cabeza.
Cuando queremos decir “ahí” o “en esa dirección” señalamos a menudo con el dedo. Hasta tenemos un nombre especial para el dedo que usamos: el dedo “índice”. (Illi, M. y Segal. E. Pág. 92)  
El lenguaje abre la posibilidad de narrarnos: el arte de narrar y narrarse que es la base misma de la cultura y nos permite imaginar lo que hemos sido y lo que podríamos (Díaz Viana, Luis, 2006).  Es decir, los humanos al hablar no sólo decimos algo sobre el mundo sino algo sobre nosotros mismos (Ruíz, Julián, 2003).

***

Las palabras han demostrado ser un arma poderosa. Sería suficiente hacer un poco de memoria y recordar algunos eventos históricos en donde las palabras fueron la herramienta para destruir o construir la tolerancia, y así tener una idea sobre su importancia. Se puede considerar incluso, que esto no siempre responde a las intenciones originales de los hablantes. Fue este el origen de la controversia que en 2012 se creó en torno de un dicho popular ("merienda de negros") actualmente en desuso, utilizado por un concejal de Bogotá (Colombia) para referirse al desorden de sus compañeros de plenaria. Para algunos raizales esta expresión fue considerada una falta de respeto, debido a que hace referencia en forma despectiva a las costumbres de la raza negra y su cultura.
Frases como esta son el resultado de ideologías que han empleado nuestro lenguaje como mecanismo para su reproducción, y tiene sentido de ser consideradas ofensivas, es decir, no olvidar que el uso del lenguaje (el habla) sirve para reforzar estereotipos asignados a un grupo de personas por su género, raza, cultura o por el grupo social de procedencia.
Revisemos algunos datos: Durante una conversación, las palabras sólo transmiten el 7% del mensaje, el tono de voz un 20 o 30% y nuestro lenguaje corporal un 60 u 80%, convirtiendo el 93% del mensaje en un contenido no verbal de la comunicación. Esto no es todo, existe una evidente desproporción entre los diferentes contenidos de nuestras conversaciones informales cotidianas y sus funciones, como resultado: del total de palabras pronunciadas sólo aproximadamente el 10 % tramite aspectos esenciales para la interacción social particular, el resto (un 90%) lo conforman fórmulas que se emplean para mantener la conversación (Eduard Punset, 2007). 
Las palabras no reflejan la realidad, son la realidad; esta es una premisa defendida desde Michel de Foucault por diferentes analistas y críticos de las relaciones entre lenguaje e ideología. La subdisciplina antropológica desde la cual se estudian las relaciones entre lenguaje y sociedad es la sociolingüística.
Esta subdisciplina considera importantes las variaciones que existen entre los hablantes de una misma lengua, las cuales se manifiestan, con más frecuencia gracias a diferencias en el uso de ciertas expresiones, normas de cortesía y entonación. Así, uno de los aportes más importantes de la sociolingüística es el haber evidenciado los factores socioculturales que influyen en el uso del lenguaje y el hecho de que el significado real de las conversaciones cotidianas no se puede limitar exclusivamente a los contenidos expresados por el significado de las palabras y otros aspectos formales del lenguaje. Esto es, el hecho de que según quiénes somos socialmente o con quién estamos hablando, se afecta radicalmente las palabras que empleamos y el contenido de nuestra conversación. Ciertamente, el uso cotidiano que hacemos del lenguaje no es tan neutral o intrascendente como algunos hablantes suelen pensar, y es resultado de normas culturales y del contexto en que ocurre la conversación. Es decir, la mayor parte del significado de las palabras en una conversación se manifiesta como resultado de los componentes informales que regulan el habla (Jennifer Coates, 2008).
Para entender la importancia de estos aspectos estudiados por la sociolingüística y algunas de las críticas a las modalidades más comunes con las que se pretender contrarrestar, sugiero leer el texto “Negroso “gente de color”.  Reflexiones en tornoa la del lenguaje “políticamente correcto”” publicado en este mismo blog.

Bibliografía:

Coates, Jennifer (2009) Mujeres, hombres y lenguaje: un acercamiento sociolingüístico a las diferencias de género. Fondo de cultura económica (México).
Díaz Viana, Luis (2009). La cultura como conquista: Naturaleza y condición en la definición de la identidad humana. Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, vol. LXIV, n.o 1, pp. 23-40, enero-junio 2009,
Eduard Punset. (2007) Lenguaje Corporal – (Documental)  Emisión 435 del programa Redes. España: Smartplanet
Illi, M. y Segal. E. (2008) Como el hombre llegó a ser un gigante. Editorial Época.
Lera Boroditsky (2011). “Lenguaje y pensamiento”. Investigación y Ciencia, abril 2011. Págs. 41-43
Lewis, John (1979). Antropología Simplificada. Ed. Minerva-Doubleday. México.
Polo, Leonardo. Sobre la existencia cristiana. Editorial: S.A. EUNSA
Ruíz, Julián (2003). La vida como cultura. Aproximación Antropológica. España. Huerga y Fierro editores.




jueves, 22 de octubre de 2015

Metrolinea,  recordatorio a la urgencia de formar ciudadanos en la Ciudad

Entradilla: El Sistema Integrado de Transporte Masivo del Área Metropolitana de Bucaramanga (Metrolinea) y los problemas de movilidad en la ciudad se han convertido en un tema recurrente desde el inicio del mismo en 2006. El actual trabajo relaciona los eventos más recientes con las posibilidades de intervención desde el fortalecimiento de la civilidad.

Por: Óscar Eduardo Rueda Pimiento. Antropólogo y Mg. En pedagogía
Docente asociado UPB- Bucaramanga.  Email: oscar.rueda@upb.edu.co

Foto archivo personal: Estación de Metrolinea Hormigueros
El Sistema Integrado de Transporte Masivo del Área Metropolitana de Bucaramanga (Metrolinea) y los problemas de movilidad en la ciudad se han convertido en un tema recurrente desde el inicio del mismo en 2006. Las críticas de los usuarios por el mal servicio prestado y el caos de movilidad generados desde su implementación son frecuentes.
Con estos antecedentes, en 2014 los estudiantes de la asignatura “Antropología en la cultura” emplearon la técnica de observación participante para verificar los motivos de estas irregularidades. Resultado de esto, se caracterizaron algunas de las “conductas infractoras” e identificaron las normas que más comúnmente se incumplen por parte de los usuarios y personas que laboran en la empresa:
No pisar o ubicarse sobre la línea amarilla: Despeje de las salidas de los articulados.
Conductas agresivas entre usuarios entre usuarios y empleados.
No pago del pasaje (colados). Personas que al usar el metrolínea, por no pagar el pasaje, brincan o revierten las barandas e ingresan alterando el funcionamiento de las puertas.
Estas conductas son reflejo de lo que el doctor en Ciencia política Mauricio García Villegas (2009) conceptualiza como las tres mentalidades incumplidoras más comunes en nuestro contexto: el vivo, el rebelde y el arrogante. El vivo que se agrupa en las puertas de las estaciones cuando hace trasferencia de un articulado a otro para ganar primero los puestos vacíos o en las del articulado para su comodidad, obstaculizando la salida y entrada del sistema. El rebelde que no paga el servicio por estar en desacuerdo con el sistema, con su funcionamiento e imposición como sistemas de trasporta exclusivo o por considerar altas estas tarifas. El altanero que se desentiende de los problemas de movilidad en la ciudad por considerar que afectan solo a los “pobres”. En resumen, los usuarios pisan las líneas amarillas, al ingresar al bus no despejan las puertas, ingresan sin pagar o se suben con objetos grandes, cajas y animales, prestan poca atención a las normas que exigen ceder las sillas para las personas discapacitadas y adultos mayores. ¿Qué hacen nuestros representantes frente a esta situación? Actualmente, la respuesta ha sido reformular el código de policía nacional.
El nuevo código de policía incluye sanciones como las siguientes:
“Comer o fumar en el sistema de trasporte masivo $80.000”
“Impedir el ingreso o salida de mujeres mayores, al igual que empujarlos dentro del sistema de trasporte masivo $ 80.000”
“Dañar, bloquear y destruir puertas de estaciones o buses de articulados del sistema masivo de trasportes $ 325.000”
“Colarse en el sistema de trasporte como transmilenio $325.000”
Parecen desconocer estas normas la importancia de no descuidar un aspecto clave para conseguir el éxito de la política pública y es el siguiente: la colaboración entre las restricciones culturales y políticas minimiza el uso de la coerción. Es decir, incrementar la percepción de legitimidad de las políticas públicas reduce la necesidad de coerción social. Es necesario, así, aumentar la civilidad antes que imponer sanciones a las conductas infractoras. Este es un aspecto clave en la propuesta política del antropólogo Antanas Mockus: “Coherencia entre la ley, la norma y la costumbre: Para que las reglas sociales se cumplan sin conflictos ni contradicciones es importante que la ley, la norma moral y la costumbre sean coherentes entre sí. Cuando el Estado no ha ganado el respeto de los ciudadanos, es fácil que se generen normas o prácticas que se aceptan socialmente pero son legal y moralmente inaceptables. Para recuperar el respeto a la ley y a las normas, es importante transformar las costumbres y hacer ver las implicaciones morales de ellas.”.
Punto a favor para las instituciones educativas de la región que apuestan por la formación ciudadana y en valores. Particularmente, dado a que la civilidad supone superar las lógicas que motivan estas conductas infractoras y exige reconstruir los valores que soportan un conjunto de normas mínimas y comunes necesarias para el buen funcionamiento del sistema.
Recordar la importancia de los valores en situaciones como las expuestas puede parecer una formula simplista. Sin embargo, los resultados de estudios sobre el tema son elocuentes en confirmar que sanciones como las materializadas en el nuevo código de policía no son únicamente ineficaces en su objetivo, sirven para erosionar los valores que sustentan su cumplimiento al desplazar la moral e imponer principios propios de las racionalidad de los mercados reflejadas en sanciones principalmente económicas. Sobre el tema, sugiero leer el libro de Michael J. Sandel “Lo que el dinero no puede comprar”.
Ahora bien, es urgente considerar una reforma en nuestros valores como requisito para racionalizar las condiciones de movilidad en las ciudades contemporánea. Por ejemplo, el sociólogo Óscar Iván Salazar en su artículo “De liebres, tortugas y otros engendros” sugiere el término “automovilidad” para explicar la preferencia de los ciudadanos actuales por medios de trasporte que ofrecen una combinación de autonomía, autodirección y movilidad, aspecto que no es compatible en muchos casos con los medios de trasporte público. Complementariamente, no deja de tener sentido considerar lo que afirma Fidole Ballén (miembro de la Comisión Nacional del Servicio Civil) y es lo siguiente: Resulta urgente considera las exigencias cada vez mayores entre los usuarios y empresas de transporte por reducir los tiempos de desplazamiento; resultado de lo cual, si bien, los nuevos medios de trasporte han facilitado nuestro desplazamiento de un lugar a otro, sus condiciones de funcionamiento se pagan con el desmejoramiento de la calidad de servicio a los usuarios, particularmente, de aquellos que viven en los extremos de la ciudad y carecen de medios de trasporte privado (2007).
Por supuesto, no pretendo negar que gran parte de los problemas del actual sistema de trasporte “Metrolinea”  pueda ser reflejo de deficiencias en el servicio y precariedad en la planeación realizada para su implementación. Con todo, aún estos aspectos pueden ser considerados resultado de la exigencias de formación ciudadana y en valores, pues en su ausencia lo público y la política son gobernados por intereses particulares (GARCÍA, Ricardo & SERNA, Adrián, 2002). Situación a la que dedico el resto de esta reflexión y que se resumen en la siguiente afirmación de algunos de mis estudiantes: Colombia tiene gente pero le falta pueblo.

Colombia. Un paradójico recuento de sus pasos hacia el desarrollo

Los problemas de movilidad urbana fueron tema recurrente durante el pasado “Seminario internacional de estudios del patrimonio industrial”, evento realizado este año en la ciudad de Bogotá. Recuerdo especialmente las presentaciones del arquitecto Pedro Pablo Rojas y la antropóloga Mónika Therrien, referidas en este mismo orden a dos innovaciones del transporte que ha conocido nuestro País en el pasado: El ferrocarril y el Tranvía de Bogotá. Respecto a los ferrocarriles de Colombia, el arquitecto Pedro Pablo Rojas recordaba la enorme inversión que representó para nuestro País abandonar el ferrocarril y adecuarse a las condiciones requeridas por los automóviles, especialmente, construir vías terrestres para comunicar el territorio nacional. Esto, con el propósito de modernizar el transporte. Con el tiempo, el asfalto cubriría y remplazaría a los rieles, mientras en otros lugares del mundo los ferrocarriles conservan su importancia como sistema alternativo de trasporte. Respecto al tranvía de Bogotá, Mónika Therrien comparaba las críticas que este sistema de trasporte generó en su momento entre los usuarios y la prensa local, y las que actualmente se conocen sobre el sistema de trasporte Transmilenio a causas de las evidentes deficiencias en el servicio. Recordemos, en ambos casos las innovaciones en el trasporte fueron motivadas con el interés de modernizar el país, es decir, por considerarse evidencia de atraso los medios de transporte tradicional y a los nuevos como el futuro.
Resultado de esto, el ferrocarril y el tranvía quedarían en el pasado, el primero, por considerar que el automóvil era el futuro y, el segundo, tras quedar sepultados sus rieles mientras la ciudad se cambiaba a otras formas de trasporte.
Pareciera ser que en nuestro tiempo la historia se repite con similares manifestaciones: el desconocimiento de las realidades locales y la reducción del concepto de desarrollo al de modernización.
La foto  siguiente pertenece al auditorio de la Academia Colombiana de la Lengua en Bogotá, lugar donde se sucedieron algunas presentaciones del Seminario. Las estatuas que rodean el auditorio son filósofos y escritores clásicos: Sócrates, Aristóteles Dante... etc. No sé qué opine ustedes, pero considero paradójico que los debates sobre la corrección o incorrección idiomática y las decisiones sobre las normas gramaticales, permanezcan severamente vigiladas bajo tan imponentes personajes. Paradójico, pues lo poco que conozco de las instalaciones del Congreso y otras instancias gubernamentales donde se toman decisiones sobre la movilidad urbana, obedecen a un panorama diferente y preocupante... A nuestro sabios y eminentes magistrados sólo los vigila una solitaria Dama y, por si fuera poco, una que trae vendado lo ojos (le llaman Justicia)... Este es el escenario donde se decide el futuro de nuestro País.

Foto archivo personal, Auditoria  de la Academia Colombiana de la Lengua (Bogotá)

Bibliografía:

Ballén, Fridole. Derecho a la movilidad. La experiencia de Bogotá, D.C. Prolegómenos - Derechos y Valores. Volumen X - Nº 20 - Julio - Diciembre 2007
García, Ricardo &Serna, Adrián. Dimensiones Críticas de lo Ciudadano: Problemas y Desafíos para la Definición de la Ciudadanía en el Mundo Contemporáneo. Bogotá: Universidad Distrital Francisco José de Caldas, 2002
García Villegas, Mauricio. Normas de Papel: La cultura del incumplimiento de reglas. Bogotá: Siglo del hombre editores, 2009
Salazar, Óscar. De liebres, tortugas y otros engendros: movilidades urbanas y experiencias del espacio público en la Bogotá contemporánea. En: Revista Colombiana de Antropología Volumen 49 (2), julio-diciembre, 2013
Sandel. Michael J. Lo que el dinero no puede comprar. Los límites morales del mercado. Bogotá. Random House Mondadori, 2013
Rutto M., Alejandro.  Antanas Mockus: su propuesta política En: Diario Maicao al día, 27 de marzo de 2010

domingo, 19 de julio de 2015


Por qué Vegueta nunca logró vencer a Goku. Un elogio a los maestros

Por Oscar Eduardo Rueda Pimiento. MG. en Pedagogía
Docente en el departamento de formación Humanística
UPB- Bucaramanga


“¿A qué mapas laborales responde, y qué futuro proyecta para el país, la educación hoy  -desde la primaria a la universitaria- si la investigación científica y la innovación tecnológica no hacen parte de lo que los jóvenes tienen por, y valoran como, cultural?”
       Jesús Martín-Barbero. En: Colombia: ausencia de relato y desubicaciones de lo nacional                                                                                                                                   


Francisco Cajio suele afirmar en sus conferencias que un buen profesor es aquel que es capaz de enseñarnos algo acerca de algo. Esta fórmula resulta bastante correcta si repasamos la historia de nuestras escuelas desde sus orígenes hasta hoy. Con todo, existen otros elementos en esta ecuación que se suman como resultado de una nueva concepción de la educación en lo que la antropóloga Margaret Mead considera las sociedades configurativas (donde los jóvenes se educan entre ellos) y prefigurativas (donde son los jóvenes quienes empiezan a educar a los adultos) (Feixa, 2012). Circunstancias que en conjunto exigen a los maestros anticiparse a estos cambios y adaptarse a una realidad en la cual: Primero, los nuevos conocimiento se vuelven obsoletos muy pronto y se multiplican exponencialmente; segundo, los descubrimiento científicos y su acelerado avance plantean serios dilemas éticos; y tercero, educar es responder a nuevas preocupaciones como sucede con la desigualdad social y problemas de sustentabilidad ambiental, entre otros.
Es más, estos cambios se reflejan en aspectos cotidianos dentro del aula de clases y exigen a nuestros maestro acostumbrarse a un nuevo modelo de estudiante; por un lado, necesitado de grandes dosis de motivación para aprender, es decir, más tendente a las acción y poco a la reflexión, más familiarizado con las imágenes y textos multimediales que con la lectura y razonamientos lógicos. Aspectos que imponen a los profesores asumir funciones y desempeñar roles tradicionalmente menospreciados en la concepción moderna de nuestras escuelas como tener personalidad afable, sentido del humor, etc.
Adicionalmente, las condiciones actuales de trabajo en muchas instituciones educativas se alejan bastante de ser las adecuadas. El estándar de contratación supone a los maestros asumir compromisos académicos en condiciones de trabajo que favorecen la improvisación y menor disponibilidad en el tiempo de dedicación a sus cátedras, aspecto que desconocen los compromisos académicos que un maestro asume fuera del aula de clases. Al respecto, y si existen dudas acerca de cuán importante es el tiempo que el maestro dedica a sus cátedras, consideren si se debería permitir a un cirujano ingresar a tratar a un paciente sin estar preparado para esto. Ciertamente, se pueden considerar que esta comparación no es justa, que un cirujano puede matar o mutilar trágicamente a un paciente, pero un mal profesor puede hacer algo peor: puede mutilar el amor por una disciplina y matar toda pasión por el saber. Aquellos que se dedican a enseñar podrían fácilmente evaluar la magnitud de este acto.
Sin duda, existe un consenso casi generalizado sobre la importancia de la educación. Sobre este punto, el siguiente comentario puede ser muy ilustrativo. En un artículo publicado por la revista semana en la sección de Finanzas personales se hizo una recopilación de las enseñanzas de vida que dejó la serie animada “Dragonball”, entre estas lecciones se menciona la siguiente:
“El maestro Roshi fue el mentor de Goku y Crillin quienes, sin su asesoría, quizá no hubieran alcanzado las habilidades que lograron gracias al entrenamiento.
Los profesores se convierten en personas que dan guías para afrontar batallas y luchas que, muy seguramente, ellos ya vivieron.”


Los maestros pueden generar grandes cambios


El maestro Rochi fue uno entre la gran lista de maestros que acogieron a Goku en las diferentes temporadas de esta serie. La importancia de las enseñanzas que recibiría de cada uno de sus maestros es referida en un video titulado al igual que este artículo “Por qué Vegueta nunca logró superar a Goku”:
Goku tuvo de maestro a Rochi que le enseñó el “kame hama ha” con el cual logro vencer  a muchos de sus enemigos.
Además, entrenó con Kamisama y con Kaiosama que le enseñaron la “genkidama” y el “Kaio Ken” sin los cuales no habría podido vencer a Vegueta y a Freeeze.
Otros maestro le enseñaron la tele trasportación y en Dragon ball GT tuvo la ayuda del anciano supremo Kaio
Así las cosas, Vegueta nunca logró vencer a Goku debido a que él carecía de maestro en sus entrenamientos. Claro, entrenaba fuertemente y sin embargo: nunca expandió sus límites por falta de conocimiento nuevos y tampoco expandió su repertorio de lucha al no tener compañeros de entrenamiento.


 Investigación y docencia en la trasformación del País

El 21 de julio de 1994 diez de las mentes más brillantes del País presentaron una propuesta para transformar la educación y así aportar a la trasformación de algunas tristes realidades de Colombia. El resultado de esta reunión fue un informe titulado “Colombia al filo de la oportunidad”. 20 años después resulta necesario preguntarnos por las condiciones actuales de la educación y los cambios que se han realizado en pro de abrazar esta propuesta. Es decir, convertir la educación en un elemento central de la fórmula que permite sacar a una nación de las condiciones de desigualdad y pobreza históricamente heredadas.   
Por supuesto, en el centro de este debate se encuentra la responsabilidad que tiene las universidades como condición para el cambio o la preservación de esta realidad. Aspecto importante. En particular, considerando que a menudo se habla del fracaso de nuestro sistema educativo. El más claro argumento es el hecho de que grandes artistas, científicos y pensadores del mundo "fracasaron" en la escuela. Albert Einstein, Steve Jobs, García Márquez, por mencionar solo algunos de estos genios y exitosos en diversos campos, no lo fueron en la escuela. Seguramente, la lista es más larga. Ahora, parece que esta fórmula se aplica igualmente a la inversa (es decir, pocos de nuestros estudiantes exitosos tendrán éxito en el mundo “real”). ¿Qué ocurre entonces?
Por un lado, la explicación más popular señala la incapacidad de la escuela para corregir aspectos fuertemente arraigados de nuestra realidad; esto por representar sólo una de las instituciones (y posiblemente la menos atractiva) que se ocupan de la socialización de las nuevas generaciones. E incluso, se suma a esto el abandono presupuestal al cual somete el Estado a la educación pública en la actualidad. Como resultado, tras un primer momento de optimismo la situación se invierte brindándonos una relación pesimista de las posibilidades de la educación en la trasformación del País. Por supuesto, existen fundamentos para esta interpretación. Con todo, no siempre es la falta de escuelas el problema, y sí la calidad de la educación. Es más, sobre este aspecto el sociólogo cubano Alain Rodríguez ofrece una aproximación diferente y digna de mención al recordarnos que equiparar educación con institucionalidad, es decir, con la falta de maestros y escuelas, es negar que todos tenemos un protagonismo incuestionable en la trasmisión de conocimiento. (Rodríguez, 2010)
Por esto es pertinente buscar otras explicaciones para el fracaso de nuestro sistema educativo. Al respecto, se suelen criticar las relaciones que en la actualidad mantiene las universidades con la realidad, especialmente, cuando generan profesionales sin la capacidad de conseguir crear puentes entre la realidad y el mundo de la academia. Una situación en la cual nuestras instituciones educativas se asemejan cada vez más a la extravagante sociedad que el escritos irlandés Jonathan Swift imagina viviendo Academia de Lagado, una isla voladora donde sus habitantes ocupan todo su tiempo en una actividad intelectual obsesiva sin objeto y en proyectos absurdos, algo llamado ciencia. Sobre el tema, Estevan Krotz afirma que la ausencia de producción de conocimiento científico en las universidades latinoamericanas y, particularmente, nuestra incapacidad para producir conocimiento científico social con dos situaciones. Primero, nuestras universidades tiene un objetivo diferente a generar conocimiento, su objetivo es producir egresados. Segundo, sus egresados son usualmente preparados por profesionales que tampoco participan en la generación de conocimientos y que enseñan simplemente a “aplicar” conocimientos procedentes de otras partes del mundo. Ciertamente, es alarmante que en esta fórmula ambas situaciones sean resultado de las condiciones que ellas mismas originan, profundizando aún más  el vacío de conocimiento científico, resultado y causa a partir de la cual se perpetúa esta situación.
Es más, la situación de Colombia es compartida por otras naciones que arrastran desde tiempo atrás problemas culturales sociales y económicos que entorpecen su desarrollo. (Yao, 2014) Algunos de los más evidentes se presentan a continuación:
         La investigación científica no es apoyada, como resultado países extranjeros extraen los recursos naturales pues en el país no hay o no se promueven conocimientos para esto.
         La educación no es preponderante en los planes del gobierno.
         La investigación social es escasa en aspectos relacionados con nuestras culturas, expresiones artísticas y formas de desarrollo éticos/locales.
         El racismo, la desigualdad social y discriminación sigue siendo una barrera para el desarrollo.


Formación científica: Relaciones entre saber y saber hacer

Las relaciones entre saber y saber hacer son ciertamente complejas. Sobre esta situación los ejemplos abundan en el campo de la medicina. A los hechos me remito:
En 1630 fue fijada una placa a un muro de Milán (ciudad de Italia) como escarnio público de los acusados de extender la peste por la ciudad, esta placa afirma lo siguiente: “Aquí en este espacio se encontraba la bodega de Gian Gaicomo Mora que con la complicidad de Güigielmo Piaza, comisario de sanidad pública y de otros conspiradores en el furor más atroz de la peste preparándolo un ungüento mortal y asperjándolo - esparcir en menudas gotas un líquido- procuraron un atroz final a muchas personas” (al respecto es necesario recordar que este hecho tiene lugar siglos antes de la teorías microbianas). Asimismo, desde tiempos antiguos el suministro de agua de las ciudades sitiadas fue contaminado con desechos y carcazas de cadáveres putrefactos o arrojando a los enfermos en ellas, esto como una forma de eliminar al enemigo.
Casi 200 años después, los discurso de algunos higienistas colombianos culparon a las nocivas influencias que el medio no higienizado e indomesticado ejerce sobre los procesos fisiológicos (entre esto la presencia de mendigos en las calles), como el origen de ciertas epidemias; claro ejemplo de la persiste de la teoría Miasmática a pesar de la difusión en Colombia de la teoría microbiana de Luis Pasteur; se pensaba según esto que: “las enfermedades agudas, febriles, purulentas y contagiosas, eran producidas por los miasmas, partículas pútridas que surgían de la tierra en descomposición y provocaban la corrupción del aire, envenenándolo. Esta misteriosa materia insalubre se pegaba luego de persona a persona, o del animal a los seres humanos, por el aliento o por el contacto físico y, de las personas se adhería a las cosas y viceversa, tal como se pega a ellas el perfume (según decía Ambrosio Paré)”. (Quevedo, 2004: 87)
En resumen, saber y saber hacer (a pesar de ser las dos caras de una misma moneda) no se encuentran siempre asociadas.  
En nuestro contexto esta disociación entre ambas realidades es evidente. El profesor alemán Robert M. Zingg desarrolló los conceptos de “cultura genuina” —que es armoniosa y equilibrada— y “espuria”, considerado esta última como aquella en la cual por acción u omisión se priva a los seres humanos de la posibilidad de cultivar plenamente sus potencialidades y medios necesarios para lograr sus metas. Nuestra cultura científica escolar puede ser fácilmente caracterizada como “espuria”. Ciertamente, esto no significa una ausencia de cultura científica y responde mejor a malas prácticas educativas, creencias y acción establecidos por la costumbre, donde la realidad cotidiana no representa ningún interés. Sobre el tema, el científico genetista colombiano Emilio Yunis Turbay afirma que la investigación científica no es un aspecto central en nuestras vidas, es marginal.
Las relaciones Ciencia, Tecnología y Sociedad se encuentran, como resultado,  oscurecidas por la presencia de mitos (Frankenstein, el aprendiz de brujo, Prometeo, Los supersónicos, etc.) y es desde estas ideas que se consideran sus consecuencias para la humanidad como negativas o ingenuamente utópicas. Así, prevalecen sobre  la Ciencia los siguientes presupuestos:
a)         Una visión optimista de los avances en ciencia y tecnología a causa de la certeza de sus posibilidades para conducirnos inequívocamente al “progreso” y a la posible solución de todos los problemas (la vejez, la enfermedad, la esclavitud, la muerte).
b)         La ciencia y la tecnología son consideradas como fuerzas destructoras y con un componente inevitable de deshumanización en las condiciones de existencia propiamente humana.
d)         Se cuestiona la C&T por sus resultados negativos en la trasformación de la realidad y meramente instrumentales; un enjuiciamiento moral que no está dirigido a la ciencia en sí sino a sus usos y aplicación, es decir, la tecnología.  

Las universidades tienen una gran responsabilidad frente a esta situación. Se explica entonces que para Ramón Muñoz Chápuli (Catedrático de la universidad de Málaga, España) sea lamentable que nuestras universidades se estén convertido en lugares donde se asiste a “tomar apuntes, se vuelve a devolver los apuntes en exámenes y se va con un título”; es decir, el precio de haberse convertido en escenarios con carácter exclusivamente profesionalizante. Así, es evidente que esta desarticulación entre la producción de conocimiento científico y la enseñanza universitaria es cara en el sentido pedagógico. Acaso el aspecto responsable de que el amor al conocimiento, que debería profesar la educación superior, sea considerada algo excéntrico (Wiesenfeld & García, 2009); antes que una alternativa del cambio social. En resumen, es urgente cambiar las condiciones que en la actualidad limitan la participación de las universidades en la producción de nuevos conocimientos y revertir éste en la trasformación de la realidad. Especialmente, al ser la educación el principal mecanismo para dinamizar la productividad y la mejorar manera de lograr la equidad social, según nos recuerda el Antropólogo y exalcalde de Bogotá Antanas Mockus.

Reflexiones finales:  

Aristóteles posiblemente fue uno de los primeros filósofos en reconocer que tener conocimientos de ética y ciudadanía no hace necesariamente a alguien una buena persona o un buen ciudadano (esto, considerando que la ética y civismo corresponde a valoraciones que se hacen como reflexión sobre la acción y no a un conjunto de instrucciones a las que se deba ajustar el comportamiento humano). Es más, es poco prudente considerarlos como tal. Así las cosas, la educación ética y ciudadana son solamente una orientación para la vida y acción en la realidad social.  
Ciertamente, existen dudas acerca de las posibilidades de la educación en la trasformación de la realidad social y el comportamiento promovido por las otras instituciones de socialización. Esto, considerando que en la universidad, como en la propia vida, una cosa son los valores declarados otra los practicados, afirma el Profesor Víctor R. Martín Filorino (2012). Ciertamente, los autores del informe “Colombia al filo de la oportunidad” no compartían estas dudas y ellos deberían ser nuestros mentores.


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CIBERGRAFÍA: 

Curiosidades Dragon ball porque Vegeta no supero a Goku.  Publicado en el enlace: https://www.youtube.com/watch?v=YP6qFPgrt_8
Finanzas Personales Las lecciones de vida que usted nunca creyó aprender de Dragon Ball. En: http://www.finanzaspersonales.com.co/hogar-y-familia/articulo/las-lecciones-vida-usted-nunca-creyo-aprender-dragon-ball/56189
Conferencia del científico colombiano Emilio Yunis Turbay - Perspectiva actual de la ciencia en Colombia. Para la Cátedra Ciencia y Libertad en la Universidad de Medellín. 2014. En el enlace: https://www.youtube.com/watch?v=2fEjLu1G9lw
Conferencia “Determinismo Biológico. No culpen a los genes”, impartida por el catedrático de zoología de la Universidad de Málaga Ramón Muñoz Chápuli. 2013. En el enlace: https://www.youtube.com/watch?v=FzV-UJh4d44